Guillermo Munro Palacio está en proceso de recuperar su salud tras sufrir varios infartos al corazón

Foto del domingo, 12 de julio en San Diego, donde se  recupera acompañado de su familia.

Foto del domingo, 12 de julio en San Diego, donde se recupera acompañado de su familia.

Por Nina Mier

Es domingo 12 de julio, este día se cumplen siete semanas de que al escritor Guillermo Munro Palacio ciudadano de Puerto Peñasco y el resto del mundo, le dio un infarto al corazón –por el momento ya no recuerdo si era del lado izquierdo pero sí en la parte baja-, sería al mediodía cuando lo sufrió mientras estaba como representante de casilla en una de las escuelas, ese día fueron las Elecciones 2015. Llegamos a buscarlo alrededor de las cuatro de la tarde, ya se había ido, mejor dicho había pedido que fueran por él porque se sentía un poco atarantado, probablemente deshidratado, se pensó en primer momento.

Llegamos a su casa, estaba recostado, había ido al hospital a revisión y el doctor le había dado reposo, suero; así que estuvimos platicando un rato, después lo motivé a que se levantara a sufragar su voto, lo acompañamos Socorro y yo, manejando su hijo Héctor Hans. Se bajó del carro, recorrió un camino largo, emitió su voto, posterior, llegamos a su casa, platicamos con su esposa Katy, su nuera, nietos, tomó un poco de café, revisó unos papeles, hizo unos apuntes y se retiró a descansar de nuevo.

Quedamos de regresar por la noche para ver cómo seguía, no lo hicimos, le hablamos por teléfono alrededor de las diez p.m., contestó su esposa, platicamos del panorama del resultado de las contiendas; transcurrió el resto de la noche. El lunes me enteré que había llegado de San Diego su hijo Memo, acompañado de su esposa y el recién nacido Guillermo Léon, nieto que ese día estaría conociendo el escritor. Por momentos pensé que la salud estaba volviendo, que el diagnóstico del médico de que era algo pasajero estaba correcto.

El martes, 9 le llamé a su celular, él contestó, pero me dijo que lo llevaban en ambulancia para Hermosillo, que iba a revisión. Me asusté más. El diagnóstico no fue nada favorecedor tras la primera intervención quirúrgica donde le realizaron el cateterismo (11 de junio). Arterias dañadas, partes del corazón también. El caso es que lo dieron de alta unos días después.

Un amanecer, tras saludar en las redes sociales me avisan que don Memo estaba muy grave de nuevo, que a las cuatro de la mañana había sufrido un infarto en su casa, eso fue el 17 de junio. Doña Katy estaba con él, me platicó que don Memo emitió un grito desgarrador como de animal herido, a lo que doña Katy atinó avisarle a sus dos hijos, Memo y Héctor, quienes actuaron de manera rápida y acertada, otorgando los primeros auxilios prescindibles para  hacer reaccionar al corazón en lo que llegaba la ambulancia.

Días después me platicó Memo (hijo) que hacía más de 25 años había recibido un curso donde le explicaron qué hacer en caso de infarto, el caso es que Guillermo Munro Palacio llegó al hospital grave, muy grave. Fue intervenido nuevamente, resultando que había recibido más infartos de los esperados, de los que esperaban pudiera resistir su organismo.

El día sábado 20 fuimos a Hermosillo a verlo, acompañada de mi esposo e hijos; el domingo 21 “Día del Padre”, llegamos al hospital San José a media mañana, el ambiente no estaba relajado y no había noticias, novedades, el día anterior habían pasado una mañana muy difícil entre diagnósticos y resultados. El caso es que al mediodía aproximadamente les avisan que el escritor había tenido –por primera vez- un paro cardiaco  y le habían tenido que poner de urgencia un marcapaso temporal en lo que se decidía qué hacer.

Tomaron la decisión de trasladarlo a San Diego California, anteriormente no se los habían permitido pero con el marcapasos podría resistir el vuelo especial (ambulancia aérea); sus hijos, familia, prestos a buscar solución inmediata, el tiempo apremiaba. Estuve con don Memo un par de veces el domingo, las visitas estaban muy restringidas para todos en general.

Todo se planeó para el lunes, 22 a las 14 horas, así fue, llegó la ambulancia aérea al aeropuerto chico de la capital, don Memo fue trasladado en ambulancia del hospital; pasaron los procedimientos de ley, después los más delicados, cambiar ahí mismo el marcapaso provisional del Hospital San José, por el de la clínica de San Diego. Los paramédicos de ambas ciudades maniobraron de manera perfecta; don Ernesto Munro, su hermano, estuvo acompañando a Eunice la hija de don Memo quien se fue en el avión, así mismo sosteniendo el acontecimiento, otorgando la fuerza a don Memo. Los demás vimos todo el proceso a la distancia,  a unos cuantos metros.

Se fue el avión, el resto de las hijas con doña Katy ya esperaban en San Diego, sus hijos se fueron en carro. Nosotros, al anochecer regresamos a Puerto Peñasco, con la noticia de que Guillermo Munro Palacio ya estaba internado en uno de los mejores hospitales del mundo y que todo lo demás dependía de la voluntad de Dios. Se había realizado hasta lo imposible.

Del escritor Guillermo Munro Palacio tengo escribiendo e investigando desde el año 2003, soy una especie de biógrafa autorizada, además, el escritor se ha convertido en mi amigo, nuestro amigo, de mi esposo y mío, nos consideramos familia de ambas partes. Desde el 7 de junio vi repetirse un milagro tras otro, he sido testigo del amor que le profesan sus hijos, su esposa, sus nietos, sus hermanos, sobrinos, amigos todos; hasta personas que no lo conocen han estado orando por su salud.

En estos días se recupera en casa de una de sus hijas en San Diego, un día una esperanza como lo dice él mismo; tiene que fortalecer su corazón, seguir un régimen de vida, salir de nuevo adelante, recordemos que don Memo sufrió un infarto cerebral hace algunos años, hasta había perdido la vista; después sobrepasó un cáncer muy agresivo hace cuatro años, ahora está en proceso de recuperar de nuevo su salud porque tiene muchos pendientes por resolver.

Publiqué tres textos en mis redes sociales respecto a la enfermedad de don Memo, a manera de bitácora se las compartiré, en parte suelen ser muy poéticas, pero están escritos con el corazón. Así que omitiendo las posibles repeticiones, encabezando con la fecha de publicación, les dejo con estas tres manifestaciones. Así mismo con la fe puesta en la Divina Providencia de que pronto Guillermo Munro Palacio regresará a su Puerto Esperanza. Aché.

Foto que acompaña al texto del 10 de junio 2015.  Guillermo Munro Palacio emitiendo su voto minutos antes de que cerraran las  urnas sin saber que estaba sufriendo infarto desde el mediodía.

Guillermo Munro Palacio emitiendo su voto minutos antes de que cerraran las urnas sin saber que estaba sufriendo infarto desde el mediodía.

10 de junio

… hoy me avisan que el domingo don Memo sufrió un infarto en la parte baja del corazón (por eso no pasó a mayores). Tal cual como son los golpes bajos. Pero Guillermo Munro Palacio, mi ángel con enormes alas doradas, “es fuerte e invencible” como dice Memuco su hijo. Está estable, internado en Hermosillo, siguen procedimientos, tratamientos. A los que lo aman, respetan, lo siguen, su amor en pensamiento, una oración, una luz, todo aportará para su recuperación de este proceso. Por mi parte agradezco enormemente a mi Padre Celestial la oportunidad.

Para doña Katy, Eunice, Claudine, Alex, Memo, Héctor, Suzeth, Abril, nietas, nietos, hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas, todos, a todos, mi profundo cariño; soy un ser agradecido eternamente con don Memo por tanto amor y respeto brindado hacia Socorro, mis hijos, hacia mi persona por más de doce años de profunda amistad.

Foto que acompaña al texto del 12 de junio 2015.

Foto tomada por Horacio Castelo en el D.F.

12 de junio

Cuando regrese a este puerto, querido don Memo, haremos una gran fiesta con flores, al sol, con sus canciones preferidas sin olvidar la del puerto de Guaymas, leeremos poesía, tomaremos fotos sin cesar. Cuando regrese a casa, haremos una fiesta frente al mar, me pintaré el cabello, las uñas de los pies, me vestiré de blanco, sonreiremos sin parar disfrutando a sus nietos, a todos los infantes esperanza, abrazando a doña Katy con su alegría. Abriremos las puertas de par en par para que entre el amor, las bendiciones en abundancia, para que se oree nuestro respirar. Estrenaré zapatos, me portaré bien, serviremos pan de la Cornejo, frutas de la temporada, invitaremos a todos bajo un radiante cielo azul; brindaremos sin cesar con cerveza artesanal, tepache y buenos vinos, añejados como nuestra amistad. Contaremos historias, leyendas, mitos, danzaremos al son que nos toquen, haremos una gran fiesta don Memo, cuando usted regrese. Ya empezamos con los preparativos, reservamos el mar, el sol, las flores, las uvas, el trigo, abrimos las ventanas y todo el amor de familia de amistades será el escudo que guardará, después de esto, seguro su corazón. En el ir de los preparativos en el puerto de la esperanza antes del café de las 11 horas del día viernes, 12 de junio del 2015. Foto tomada por Horacio Castelo a mi ángel con grandes alas doradas.

Foto que acompaña al texto del 23 de junio 2015

Dedicatoria en la novela “Hombres valientes”

23 de junio

Esta mañana, tras pasar un par de días en la sala de espera de cuidados intensivos del Hospital San José, donde don Memo permanecía sin diagnóstico fijo. Al observar por muchas horas a la maquinaria perfecta de acciones de sus hijos, esposa, familia; al sentir mi corazón apachurrarse una vez, otra vez; al exaltarnos con una mirada, cuando abrían la puerta, cuando decían: “Familiares de Guillermo Munro”… las variantes, las emociones, momentos de relax, los comentarios de los que entraban a las visitas tan restringidas, los que llegaban, los que se iban, los que preguntábamos, los que contestábamos, el traslado, el operativo, el aeropuerto “no se te olvide que es el aeropuerto chico Nina, no se vayan a equivocar tú y Socorro, es el aeropuerto chico donde saldrá el avión que me lleva…”, me comentaba don Memo en una de mis visitas.

Mis manos, a lo último, antes de que empezaran arreglar su salida a San Diego, las lavaba una dos tres veces, le ponía la bata a sus sobrinas hermosas y altas, tapaboca a otros, a los que entraban, lo veía de lejos, ¡cuánto lo quiero! Pensaba. Me impactaba una y otra vez el saber todo lo que ha pasado su organismo desde el 7 de junio para acá, también antes de ese tiempo… Rosario en mano a ratos, un café, mirada en el techo, en una ventana, en las puertas, en el largo pasillo, en los ojos de sus hijos, de sus hijas, la alegría de sus nietas, el amor de doña Katy, que por cierto con ella delibero, urgimos, caminamos por los comentarios variados, nos entendemos.

La angustia del traslado, la llegada de la ambulancia de tierra al aeropuerto con la llegada de la ambulancia aérea con dos pilotos y dos paramédicos, los papeles absurdos de emigración, en fin, los tiempos coordinados, que no falle un segundo, que no falle un centímetro, el correr de Socorro para cumplir la solicitud de don Memo de que se tomaran fotos, la negación de los espacios, la revisión, se abren las puertas, se cierran, ya casi, son las dos de la tarde, hace mucho sol, a don Memo le realizan cambios para subirlo al avión, la camilla, las mangueras, el sol, su hermano Ernesto tapando los fuertes rayos, su hija Eunice lista para lo que viene, se desarman los hijos, se arman de nuevo, se desarman todos, se arman de nuevo, los demás ahí, con el corazón pidiendo por otro corazón que literalmente se hizo pedazos pero que Dios ha obrado maravillas, que hace un milagro tras otro.

Los que sabemos que están haciendo oración, los que tienen la luz encendida para que todo sea para bien. Cuando don Memo llegó a San Diego parte de sus hijas, nietas y doña Katy ya lo esperaban allá, Eunice en el vuelo, sus hijos, caminando por tierra para llevarse los pendientes.

Las llamadas de tanta gente, de tanta familia por todos los apellidos de sus ramas. En estos momentos son las dos con doce minutos, está en otra intervención quirúrgica en San Diego, su avión partió ayer a las 2:20 p.m. Esta mañana, después de llegar de verlo, de apreciar su fortaleza, su luz, su cansancio, su lucha, llegué acomodando sus libros, las cosas que tenemos de don Memo, las historias. Abro el libro “Hombres valientes” su dedicación, que ahora tiene otro sentido me dejó nuevamente conmovida “Para Socorro y Nina: Gracias por creer en mí más que yo mismo. Gracias por el enorme apoyo a mi persona y mi obra. Gracias por ser mi familia. Eternamente agradecido”.

Con toda la fuerza de mi mente, de mi espíritu pido a Dios Padre que este proceso de sanación del cuerpo de Guillermo Munro Palacio continúe lleno de bendiciones, de milagros constantes, de amor hermoso. Pido por cada uno de sus hijos, por doña Katy, que están con su alma en un hilo constantemente; luchando a más no poder con mente, corazón y fuerza porque su padre y esposo tenga lo mejor de lo mejor, porque la salud se restablezca.

Hermosos todos, familia muégano. Pido por don Ernesto Munro Palacio, que enfrenta con sabiduría, respeto, grandeza, estos momentos difíciles en tantos sentidos, aun, todavía, deteniendo la fuerza de los cachorros de don Memo, de paso la mía para que no cometamos error alguno, que perdonemos siempre como lo hace don Memo.

Esta mañana. Ya en Puerto Peñasco. Martes, 23 de junio a las 2:25 p.m., 24 horas después que vi alejarse la ambulancia aérea al mejor hospital del mundo. Esperemos entonces, que lo mejor, siempre está por venir. “Hay que ir a locaciones pronto…”, le comentó don Memo ayer por la mañana a Socorro. Mucho por hacer. Siempre. Justo va pasando el tren rumbo al norte, lleva esperanza.

 

 

 

 

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